Por Gabriel Conte
(*) Miembro fundador de Clave, la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada y de la Red Argentina para el Desarme
La reiteración de masacres a mano armada en establecimientos educativos hace que este tipo de hechos lamentables y condenables se transformen en algo cotidiano.
Esta vez fue el turno de Finlandia, como antes lo fue en el campus universitario de Virginia Tech, en Alemania o en Carmen de Patagones, aquí nomás.
La información publicada es coincidente con situaciones ya ocurridas: "Al menos tres personas murieron y varias resultaron heridas cuando un joven abrió fuego en una escuela secundaria de Tuusula, sur de Finlandia. El autor de los disparos sería un joven de 18 años, estudiante del último año de bachillerato del colegio Jokela".
Es que la proliferación de armas de fuego y su falta de control hacen muy difícil la prevención de hechos como este si no existe un compromiso global para combatirlo.
Lo hemos señalado y el mundo se ha dado cuenta de algo en los últimos años: Las armas solo sirven para matar. Es por ello que las políticas permisivas o justificatorias terminan facilitando la resolución violenta de los conflictos, con los heridos y muertos consecuentes. La Red Mundial IANSA (International Action Network on Small Arms) da cuenta que cada año, mueren en el mundo casi medio millón de personas por su causa. Pero son las masacres como la ocurrida ahora en Estados Unidos, nuevamente, las que conmueven al mundo por su irracionalidad extrema.
Es necesario que se advierta a la sociedad y a los gobiernos que mientras haya descontrol de armas y balas, las masacres y tragedias se repetirán. Pero no deben dejar de conmovernos, de sorprendernos y de convocarnos a la acción concreta por un mundo diferente.
Las políticas de desarme y control de armas son exitosas:
En Argentina, en 84 días hábiles, la sociedad se ha sacado de encima 58 mil armas de fuego y 353 mil balas.
En Brasil la muerte de hombres por armas de fuego cayó entre 2003 y 2006 en 26,9 por ciento.
Esta vez se cegaron por lo menos 3 vidas en Finlandia. En Virginia fueron más de 30. En 1996 en Port Arthur, Australia fueron 35 los muertos. Y entre otros casos aislados y con poca difusión deben mencionarse los de 1991 en Killen, Estados Unidos (24), San Isidro, Estados Unidos en 1984 (22). Sin olvidar, por supuesto, a las víctimas de Carmen de Patagones.
En Argentina hemos empezado a caminar por el sendero de la paz cotidiana, de la construcción de respuestas diferentes a los conflictos. Debemos trabajar para que el mundo avance en ese sentido.
(*) Miembro fundador de Clave, la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada y de la Red Argentina para el Desarme
La reiteración de masacres a mano armada en establecimientos educativos hace que este tipo de hechos lamentables y condenables se transformen en algo cotidiano.
Esta vez fue el turno de Finlandia, como antes lo fue en el campus universitario de Virginia Tech, en Alemania o en Carmen de Patagones, aquí nomás.
La información publicada es coincidente con situaciones ya ocurridas: "Al menos tres personas murieron y varias resultaron heridas cuando un joven abrió fuego en una escuela secundaria de Tuusula, sur de Finlandia. El autor de los disparos sería un joven de 18 años, estudiante del último año de bachillerato del colegio Jokela".
Es que la proliferación de armas de fuego y su falta de control hacen muy difícil la prevención de hechos como este si no existe un compromiso global para combatirlo.
Lo hemos señalado y el mundo se ha dado cuenta de algo en los últimos años: Las armas solo sirven para matar. Es por ello que las políticas permisivas o justificatorias terminan facilitando la resolución violenta de los conflictos, con los heridos y muertos consecuentes. La Red Mundial IANSA (International Action Network on Small Arms) da cuenta que cada año, mueren en el mundo casi medio millón de personas por su causa. Pero son las masacres como la ocurrida ahora en Estados Unidos, nuevamente, las que conmueven al mundo por su irracionalidad extrema.
Es necesario que se advierta a la sociedad y a los gobiernos que mientras haya descontrol de armas y balas, las masacres y tragedias se repetirán. Pero no deben dejar de conmovernos, de sorprendernos y de convocarnos a la acción concreta por un mundo diferente.
Las políticas de desarme y control de armas son exitosas:
En Argentina, en 84 días hábiles, la sociedad se ha sacado de encima 58 mil armas de fuego y 353 mil balas.
En Brasil la muerte de hombres por armas de fuego cayó entre 2003 y 2006 en 26,9 por ciento.
Esta vez se cegaron por lo menos 3 vidas en Finlandia. En Virginia fueron más de 30. En 1996 en Port Arthur, Australia fueron 35 los muertos. Y entre otros casos aislados y con poca difusión deben mencionarse los de 1991 en Killen, Estados Unidos (24), San Isidro, Estados Unidos en 1984 (22). Sin olvidar, por supuesto, a las víctimas de Carmen de Patagones.
En Argentina hemos empezado a caminar por el sendero de la paz cotidiana, de la construcción de respuestas diferentes a los conflictos. Debemos trabajar para que el mundo avance en ese sentido.