Por Risolidaria
La Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave) reclamó a los Estados de la región ir un paso antes y descubrir a los adultos que proveen de armas a los jóvenes.
Buenos Aires, diciembre de 2008 (RIS- Argentina) Organizaciones y expertos de Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Paraguay que integran la Coalición Latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave) reclamaron a los Estados de la región “ir un paso antes en el problema de los jóvenes que delinquen y descubrir a los adultos que los proveen de armas y que los utilizan como mano de obra para el delito”.
En un encuentro sobre jóvenes y violencia realizado en Buenos Aires, los participantes coincidieron en afirmar que existen “salidas, pero hace falta responsabilidad estatal y compromiso de la comunidad para revertir la realidad que sufren tanto jóvenes como adultos”.
En diálogo con RIS-Argentina, Gabriel Conte, miembro fundador de Clave y de la Red Argentina para el Desarme, afirmó que “no hacen falta nuevas leyes. Sólo hay que aplicar las que existen en materia de persecución penal, intervenir en el circuito ilegal de circulación de armas de fuego y de drogas”. Además consideró imperioso “que el Estado no espere a encontrar al chico matando, que es el último eslabón de una cadena” sino actuar de manera preventiva.
“La violencia es un valor que se aprende. Quienes la imparten son los adultos. Los jóvenes, que funcionan como una esponja que todo lo absorbe, la repiten como única respuesta posible, al alcance de sus manos. Los estudios realizados sobre chicos que han delinquido dan cuenta que antes de ser violentos, fueron víctimas de violencias: hambre, abusos, maltrato, discriminación. No hacen más que mostrarnos lo que les enseñamos”, afirmó.
El integrante de Clave indicó que la educación resulta “central” para prevenir la violencia. “La gente resuelve los problemas discutiendo. Pero cuando existe un escaso repertorio de palabras, estas se acaban rápidamente y, por lo tanto, se pasa a la agresión. En la Argentina muere por lo menos una persona por día asesinada en ocasión de alguna discusión banal”, detalló Conte basándose en un informe de la Fundación lebensohn para la Red Argentina para el Desarme”.
Y graficó que “en muchos lugares del país es más fácil acceder a las armas que a los libros escolares. Ambas cosas le sirven a un niño para definir su futuro”.
Para Conte, “el Estado debe encarar una fuerte política de control de armas, sacando de circulación las que están ‘de más’, las que la gente tiene en su casa por haberlas heredado y dejando sólo aquellas en las que un Estado fuerte pueda escanear al detalle al propietario, sabiendo para qué la quiere tener, si es violento en la familia o no, si está apto mentalmente”.
Por otro lado, la Coalición pidió la revisión de buenas prácticas ya existentes en Latinoamérica, de modo de poder compararlas y ofrecerlas como salida para enfrentar la problemática de la violencia juvenil. “No hay países que aborden como política de Estado el problema más integralmente, desde las familias de esos jóvenes y desde lo social, pero sí hay experiencias aisladas que se enfocan en las causas y que representan un éxito mínimo y parcial”, indicó.
En ese sentido, el fundador de la coalición ejemplificó que luego de la aplicación del primer plan de desarme argentino en Mendoza, que duró 43 días entre 2000 y 2001, se registró una caída del 15 por ciento en los ingresos de jóvenes a la Comisaría del Menor por causas vinculadas a armas de fuego durante los siguientes cuatro años.
Clave también consideró necesaria la “reformulación de los institutos en donde son internados los menores de edad que delinquen, de manera tal de que sirvan para reinsertarlos en la sociedad”; “la aplicación de medidas preventivas, más vinculadas al desarrollo humano que a lo exclusivamente represivo”; y “otorgarle a las escuelas nuevas herramientas de trabajo para prevenir la solución violenta de los conflictos sociales”.
“Hay salidas, pero hace falta responsabilidad estatal y compromiso de la comunidad para revertir la realidad que sufren tanto jóvenes como adultos”, concluyó el experto mendocino en desame.
Entre las organizaciones que integran la coalición figuran: el Centro de Estudios Judiciales (Paraguay); el Instituto de Estudios Legales y Sociales, y la Asociación de Lucha para el Desarme Civil (Uruguay); el Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales (Inecip) y la Asociación de Políticas Públicas (Buenos Aires); Espacios (Mendoza); Inecip Córdoba y la Red Argentina para el Desarme.
Propuestas para la construcción de una paz cotidiana, cercana a las personas que viven en los barrios y que permita desarrollar sin temor la vida diaria.
miércoles, 24 de diciembre de 2008
Gino Costa: "Hay que tener equipos al frente de Seguridad"
Ex ministro del Interior del Perú, experto en seguridad y consultor de la ONU.
La seguridad pica y molesta en toda Latinoamérica; ¿en dónde no?
Pero si fuera solo eso no sería tanto problema. La inseguridad hiere, mutila, discapacita y mata en los países de la región en una dimensión que hace que aquí tengamos, por ejemplo, el 42 por ciento de todas las muertes que se producen en el mundo entero por uso de armas de fuego.
Como para casi todos los temas de la vida diaria, hay libros, recetas, discursos, profecías y ponderaciones. Pero lo que importa, en materia de seguridad, es que todo eso vaya acompañado de experiencias concretas. Y, si son exitosas, mejor aun.
En Chile, no hace muchos días, se llevó a cabo un encuentro de expertos en la materia convocados por la Red Latinoamericana de Policías y Sociedad Civil, una mixtura que conforma una experiencia coordinada desde Brasil por la ONG Viva Rio y que abarca a diez países.
MDZ siguió las instancias del encuentro, desde Santiago de Chile. Allí, invitado por esta Red estuvo presente una persona que es considerado como un verdadero especialista en la gestión pública de la seguridad: el peruano Gino Costa.
Fue primero viceministro de Fernando Rospigliosi y luego Ministro del Interior en su país, en los primeros meses de Alejandro Toledo en la presidencia.
En su currículum se destaca, generalmente, su paso por el poder, desde donde pudo avanzar en el conocido Plan de Reestructuración de la policía peruana.
Pero hay que decir que no venía del vacío: es miembro del Instituto de defensa Legal (IDL), presidió el Instituto Nacional Penitenciario, fue Defensor Adjunto de Derechos Humanos y trabajó en diversos organismos de las Naciones Unidas, primero, en el Centro de Derechos Humanos de Ginebra, Suiza y luego en misiones de paz en Nicaragua, Honduras y El Salvador.
En este último país, participó en la creación del cuerpo de policía.
Digamos, como datos colaterales que es abogado, pero complementa su profesión con un doctorado en Historia de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.
Salimos del salón de actos de la Policía de Investigaciones de Chile y nos dirigimos al comedor.
Allí, merendaban cientos de futuros policías chilenos que estudian en la reconocida entidad que forma a la policía civil que complementa la labor de los Carabineros, la policía militar del vecino país.
De qué otra cosa podríamos hablar si no de la ansiedad por contar con más tranquilidad en nuestros lugares de residencia.
Aquí el breve pero fructífero diálogo.
La seguridad pica y molesta en toda Latinoamérica; ¿en dónde no?
Pero si fuera solo eso no sería tanto problema. La inseguridad hiere, mutila, discapacita y mata en los países de la región en una dimensión que hace que aquí tengamos, por ejemplo, el 42 por ciento de todas las muertes que se producen en el mundo entero por uso de armas de fuego.
Como para casi todos los temas de la vida diaria, hay libros, recetas, discursos, profecías y ponderaciones. Pero lo que importa, en materia de seguridad, es que todo eso vaya acompañado de experiencias concretas. Y, si son exitosas, mejor aun.
En Chile, no hace muchos días, se llevó a cabo un encuentro de expertos en la materia convocados por la Red Latinoamericana de Policías y Sociedad Civil, una mixtura que conforma una experiencia coordinada desde Brasil por la ONG Viva Rio y que abarca a diez países.
MDZ siguió las instancias del encuentro, desde Santiago de Chile. Allí, invitado por esta Red estuvo presente una persona que es considerado como un verdadero especialista en la gestión pública de la seguridad: el peruano Gino Costa.
Fue primero viceministro de Fernando Rospigliosi y luego Ministro del Interior en su país, en los primeros meses de Alejandro Toledo en la presidencia.
En su currículum se destaca, generalmente, su paso por el poder, desde donde pudo avanzar en el conocido Plan de Reestructuración de la policía peruana.
Pero hay que decir que no venía del vacío: es miembro del Instituto de defensa Legal (IDL), presidió el Instituto Nacional Penitenciario, fue Defensor Adjunto de Derechos Humanos y trabajó en diversos organismos de las Naciones Unidas, primero, en el Centro de Derechos Humanos de Ginebra, Suiza y luego en misiones de paz en Nicaragua, Honduras y El Salvador.
En este último país, participó en la creación del cuerpo de policía.
Digamos, como datos colaterales que es abogado, pero complementa su profesión con un doctorado en Historia de la Universidad de Cambridge, Inglaterra.
Salimos del salón de actos de la Policía de Investigaciones de Chile y nos dirigimos al comedor.
Allí, merendaban cientos de futuros policías chilenos que estudian en la reconocida entidad que forma a la policía civil que complementa la labor de los Carabineros, la policía militar del vecino país.
De qué otra cosa podríamos hablar si no de la ansiedad por contar con más tranquilidad en nuestros lugares de residencia.
Aquí el breve pero fructífero diálogo.
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Digitalizan archivos de la Casa Cuna para encontrar hijos de desaparecidos
Por Diario Los Andes
Cuando se conoció de la internación en la ex Casa Cuna de la hija del escritor Francisco “Paco” Urondo, asesinado en un operativo en Mendoza durante la última dictadura militar, varios particulares e instituciones de la provincia pusieron el ojo en esa institución sospechando que podría haberse tratado de una maternidad clandestina en los años de plomo. Así nació “Entre el espanto y la ternura. Digitalización de los archivos de la Casa Cuna de Mendoza. Búsqueda de niños apropiados. Búsqueda de identidad”, un proyecto que lleva cuatro meses de labor en el que están vinculados el Gobierno provincial (a través de la Dinaadyf) y la Casa de la Memoria, una ONG local dedicada a recopilar información sobre las acciones del Proceso Militar en Mendoza.El objetivo de este proyecto es resguardar los datos existentes sobre la Casa Cuna entre 1976 y 1982 (a través de su digitalización), hallar evidencias de irregularidades sobre algunos niños que pasaron por allí en esos años y, llegado el caso, encontrar a chicos que pudieron ser apropiados por familias mendocinas luego de la desaparición de sus padres.Según explicó Susana Muñoz, directora de la Casa de la Memoria, explicó que durante la dictadura la Casa Cuna estuvo a cargo de Mario Abel Godoy y Raúl Alfredo Ahumada, conocidos militares comprometidos con la represión en la provincia. Por eso se decidieron a recolectar los archivos de esta institución y digitalizarlos para resguardarlos. “Fue el primer paso en una ardua investigación que incluiría también a las oficinas del Registro Civil de la provincia, donde se elaboraron partidas de nacimiento falsas; los registros de la maternidad Federico Moreno y el Hospital Militar, ya que estimamos pueden haberse realizado partos clandestinos, y finalmente los Juzgados de Menores”.Para Muñoz, conociendo los antecedentes de quiénes fueron las autoridades de la Casa Cuna, “no podemos descartar la posibilidad del robo de bebés o de la apropiación de niños de familias cadenciadas”. En estos archivos, la Casa de la Memoria quiere encontrar datos sobre tres niños apropiados a familias mendocinas, además de averiguar si existieron casos de niños que pudieron ser traídos de otras áreas donde operó el Tercer Cuerpo de Ejército con sede en Mendoza -ya que existen denuncias sobre ello- y la posibilidad de que haya existido apropiación de otros bebés de familias humildes o madres solteras.Para Gabriel Conte, de la Dinaadyf, “el primer resultado obtenido es la puesta a disposición de archivos digitalizados, de fácil acceso. Pero sin dudas que la cuestión de fondo es lo que más interesa y para eso se prevé que la Casa de la Memoria continúe cruzando datos con otras instituciones para poder echar luz sobre áreas que tantos años después han permanecido sin revisar sus prácticas”.Por su parte, Muñoz muestra su optimismo sobre esta labor que recién se inicia. “No nos cabe la menor duda que nuestra búsqueda será exitosa, porque aún sin haber profundizado en la materia, ya que nos llevó más de tres meses la digitalización, existen evidencias de ingresos irregulares de manos de la policía provincial, en el hospital Emilio civil, por supuesto abandono de sus madres. También de tenencias muy `apresuradas` (algunas en cuatro días), sin existir investigación de la filiación previa del menor involucrado”.La información reunida, ya preservada en soporte técnico para evitar su deterioro o destrucción, permite por el momento que decenas de jóvenes que hoy consultan sobre su identidad, tengan a mano un acervo dónde poder empezar su búsqueda. “Un joven que recupere la identidad y regrese al seno familiar habrá sido el mayor logro, y nuestra consigna `se puede’, se verá ratificada una vez más”, cierra Muñoz.
Cuando se conoció de la internación en la ex Casa Cuna de la hija del escritor Francisco “Paco” Urondo, asesinado en un operativo en Mendoza durante la última dictadura militar, varios particulares e instituciones de la provincia pusieron el ojo en esa institución sospechando que podría haberse tratado de una maternidad clandestina en los años de plomo. Así nació “Entre el espanto y la ternura. Digitalización de los archivos de la Casa Cuna de Mendoza. Búsqueda de niños apropiados. Búsqueda de identidad”, un proyecto que lleva cuatro meses de labor en el que están vinculados el Gobierno provincial (a través de la Dinaadyf) y la Casa de la Memoria, una ONG local dedicada a recopilar información sobre las acciones del Proceso Militar en Mendoza.El objetivo de este proyecto es resguardar los datos existentes sobre la Casa Cuna entre 1976 y 1982 (a través de su digitalización), hallar evidencias de irregularidades sobre algunos niños que pasaron por allí en esos años y, llegado el caso, encontrar a chicos que pudieron ser apropiados por familias mendocinas luego de la desaparición de sus padres.Según explicó Susana Muñoz, directora de la Casa de la Memoria, explicó que durante la dictadura la Casa Cuna estuvo a cargo de Mario Abel Godoy y Raúl Alfredo Ahumada, conocidos militares comprometidos con la represión en la provincia. Por eso se decidieron a recolectar los archivos de esta institución y digitalizarlos para resguardarlos. “Fue el primer paso en una ardua investigación que incluiría también a las oficinas del Registro Civil de la provincia, donde se elaboraron partidas de nacimiento falsas; los registros de la maternidad Federico Moreno y el Hospital Militar, ya que estimamos pueden haberse realizado partos clandestinos, y finalmente los Juzgados de Menores”.Para Muñoz, conociendo los antecedentes de quiénes fueron las autoridades de la Casa Cuna, “no podemos descartar la posibilidad del robo de bebés o de la apropiación de niños de familias cadenciadas”. En estos archivos, la Casa de la Memoria quiere encontrar datos sobre tres niños apropiados a familias mendocinas, además de averiguar si existieron casos de niños que pudieron ser traídos de otras áreas donde operó el Tercer Cuerpo de Ejército con sede en Mendoza -ya que existen denuncias sobre ello- y la posibilidad de que haya existido apropiación de otros bebés de familias humildes o madres solteras.Para Gabriel Conte, de la Dinaadyf, “el primer resultado obtenido es la puesta a disposición de archivos digitalizados, de fácil acceso. Pero sin dudas que la cuestión de fondo es lo que más interesa y para eso se prevé que la Casa de la Memoria continúe cruzando datos con otras instituciones para poder echar luz sobre áreas que tantos años después han permanecido sin revisar sus prácticas”.Por su parte, Muñoz muestra su optimismo sobre esta labor que recién se inicia. “No nos cabe la menor duda que nuestra búsqueda será exitosa, porque aún sin haber profundizado en la materia, ya que nos llevó más de tres meses la digitalización, existen evidencias de ingresos irregulares de manos de la policía provincial, en el hospital Emilio civil, por supuesto abandono de sus madres. También de tenencias muy `apresuradas` (algunas en cuatro días), sin existir investigación de la filiación previa del menor involucrado”.La información reunida, ya preservada en soporte técnico para evitar su deterioro o destrucción, permite por el momento que decenas de jóvenes que hoy consultan sobre su identidad, tengan a mano un acervo dónde poder empezar su búsqueda. “Un joven que recupere la identidad y regrese al seno familiar habrá sido el mayor logro, y nuestra consigna `se puede’, se verá ratificada una vez más”, cierra Muñoz.
De quiénes los niños aprenden la violencia
Por Gabriel Conte
Con notable facilidad, los adultos nos sorprendemos hasta la histeria de la violencia puesta de manifiesto por los más jóvenes. La subrayamos. Buscamos un caso acá y otro más allá de manera de poder presentar un panorama desastroso de la juventud. Indagamos en las edades de manera de resaltar que "cada vez son más jóvenes". Y tal vez resulte cierto. Pero no hacemos el mismo ejercicio con nosotros mismos.
La violencia de los niños y jóvenes es, ni más ni menos, que el aprendizaje que éstos han obtenido de los adultos. Convengamos entonces en entender como "adultos" no solamente a los padres, ya sea que estén presentes o ausentes en su crianza, a los tutores, parientes. Pero también a los medios y su programación, construida por adultos, a los gobernantes y Estados con sus políticas y acciones, ya que se nutren de personas mayores de edad.
Es obvio que en esta nueva oleada de violencia juvenil la única voz que estamos escuchando es, una vez más, de los adultos. ¿Qué pasaría si los medios de comunicación permitieran a los jóvenes expresarse abiertamente y nos contaran cómo y de quiénes aprendieron a ejercer la violencia? Eso, seguramente, también estaría mal visto por una opinión pública que no es otra cosa que la dictadura de los adultos.
No se trata aquí de defender y justificar ni mucho menos promover la violencia juvenil. De lo que debe ocuparse este nuevo debate es de determinar responsabilidades en torno a qué le estamos ofreciendo a nuestros hijos y a los amigos de nuestros hijos como vida cotidiana, como realidad aceptada.
Tras los sucesos de Carmen de Patagones (que no fue estrictamente un caso de violencia escolar, sino de una serie de inoperancias concatenadas, con un chico con problemas mentales y un padre con un arma al alcance de la mano de su hijo) pudimos intercambiar puntos de vista en la materia con importantes figuras del país y del mundo.
Tal vez lo más interesante lo hayamos palpado en Mendoza, en donde se constituyó un Consejo Consultivo para la Convivencia Escolar con notable participación de una multiplicidad de expertos y voluntades. Uno de sus miembros, Alejandro Castro Santander sostiene en su libro "Desaprender la violencia" (Bonum, 2004), sostiene que "como los estudios indican, la escuela acusa el impacto social y cada vez son más frecuentes los acontecimientos que alteran la convivencia pacífica en las aulas y patios. Los ´aprendizajes violentos previos´, adquiridos en la familia, el barrio, los medios de comunicación, se traducen en indisciplina y violencias que dejan poco lugar al aprendizaje de las competencias básicas y hacen que la convivencia continúe deteriorándose rápidamente.
Uno de ellos, Jorge Werthein, por entonces director de UNESCO en Brasil, adjudicó a la "ausencia de comunicación" el avance del maltrato en el ámbito educativo. Dijo que "hemos podido identificar que hay problemas serios de convivencia dentro de las escuelas, que resultan en varias formas de agresión, tanto verbal, como moral y física. Lo interesante es que no está restringida a la relación entre pares, o sea, entre estudiantes, sino que tiene lugar también entre maestros y alumnos. Es de doble vía: docentes y estudiantes son a la vez agresores y agredidos. Nuestras investigaciones sugieren que ello es un síntoma de la falta de comunicación entre los actores sociales presentes en la escuela – como no se comunican, no hay entendimiento. Luego, surge el conflicto, que desborda en agresiones".
En este diálogo multisectorial que dio origen a un Manual de Orientación para la Convivencia Escolar, editado y distribuido por la DGE entre 2006 y 2007, Werthein advirtió algo que hoy, tres años después de nuestra charla, puede verificarse: "muchas personas – dijo- y entre ellos, los propios profesionales de la educación, tienden a ´externalizar´ el problema de la violencia en las escuelas o a ´naturalizarlos´; eso es grave. Entender la escuela como espacio de reproducción de comportamientos que tienen su origen fuera del ámbito escolar -agregó luego- es importante sólo si, al mismo tiempo, se considera el papel social de la educación, del educador y de la escuela en la corrección de dichos comportamientos. No se pueden permitir determinismos", finalizó.
Es decir que no se trata solo y simplemente como mucha gente quisiera (¡y quien no!) "meteter palo ya la bolsa", y así ver superados los problemas que van apareciendo en la convivencia entre adultos y jóvenes en todos los ámbitos de la vida. De lo que se trata es de debatir y accionar en torno a las diversas responsabilidades que deben ser asumidas fundamentalmente por quienes tenemos "la manija" del mundo, que somos los adultos.
La primera respuesta que surge frente a un grave hecho en amnos de un joven es el castigo, y mientras más "ejemplificador", mejor. Pero esa esa la historia de la vida: siempre fue así y no resultó. Por eso hay que probar de otra manera. Según quienes han podido compartir diálogos con jóvenes, situaciones terribles, trabajo con docentes, instancias de mediación, investigaciones de campo y muchas otras instancias mucho más profundas y valederas a la hora de poner en una balanza opiniones en torno a la violencia juvenil, la mejor manera de prevenir la violencia es no enseñándola. Y una vez que está aprendida, tener las capacidades para enseñar a "desaprenderla". En definitiva, es un desafío educativo para toda la sociedad, para todos los adultos y no solamente una tarea de la escuela.
Con notable facilidad, los adultos nos sorprendemos hasta la histeria de la violencia puesta de manifiesto por los más jóvenes. La subrayamos. Buscamos un caso acá y otro más allá de manera de poder presentar un panorama desastroso de la juventud. Indagamos en las edades de manera de resaltar que "cada vez son más jóvenes". Y tal vez resulte cierto. Pero no hacemos el mismo ejercicio con nosotros mismos.
La violencia de los niños y jóvenes es, ni más ni menos, que el aprendizaje que éstos han obtenido de los adultos. Convengamos entonces en entender como "adultos" no solamente a los padres, ya sea que estén presentes o ausentes en su crianza, a los tutores, parientes. Pero también a los medios y su programación, construida por adultos, a los gobernantes y Estados con sus políticas y acciones, ya que se nutren de personas mayores de edad.
Es obvio que en esta nueva oleada de violencia juvenil la única voz que estamos escuchando es, una vez más, de los adultos. ¿Qué pasaría si los medios de comunicación permitieran a los jóvenes expresarse abiertamente y nos contaran cómo y de quiénes aprendieron a ejercer la violencia? Eso, seguramente, también estaría mal visto por una opinión pública que no es otra cosa que la dictadura de los adultos.
No se trata aquí de defender y justificar ni mucho menos promover la violencia juvenil. De lo que debe ocuparse este nuevo debate es de determinar responsabilidades en torno a qué le estamos ofreciendo a nuestros hijos y a los amigos de nuestros hijos como vida cotidiana, como realidad aceptada.
Tras los sucesos de Carmen de Patagones (que no fue estrictamente un caso de violencia escolar, sino de una serie de inoperancias concatenadas, con un chico con problemas mentales y un padre con un arma al alcance de la mano de su hijo) pudimos intercambiar puntos de vista en la materia con importantes figuras del país y del mundo.
Tal vez lo más interesante lo hayamos palpado en Mendoza, en donde se constituyó un Consejo Consultivo para la Convivencia Escolar con notable participación de una multiplicidad de expertos y voluntades. Uno de sus miembros, Alejandro Castro Santander sostiene en su libro "Desaprender la violencia" (Bonum, 2004), sostiene que "como los estudios indican, la escuela acusa el impacto social y cada vez son más frecuentes los acontecimientos que alteran la convivencia pacífica en las aulas y patios. Los ´aprendizajes violentos previos´, adquiridos en la familia, el barrio, los medios de comunicación, se traducen en indisciplina y violencias que dejan poco lugar al aprendizaje de las competencias básicas y hacen que la convivencia continúe deteriorándose rápidamente.
Uno de ellos, Jorge Werthein, por entonces director de UNESCO en Brasil, adjudicó a la "ausencia de comunicación" el avance del maltrato en el ámbito educativo. Dijo que "hemos podido identificar que hay problemas serios de convivencia dentro de las escuelas, que resultan en varias formas de agresión, tanto verbal, como moral y física. Lo interesante es que no está restringida a la relación entre pares, o sea, entre estudiantes, sino que tiene lugar también entre maestros y alumnos. Es de doble vía: docentes y estudiantes son a la vez agresores y agredidos. Nuestras investigaciones sugieren que ello es un síntoma de la falta de comunicación entre los actores sociales presentes en la escuela – como no se comunican, no hay entendimiento. Luego, surge el conflicto, que desborda en agresiones".
En este diálogo multisectorial que dio origen a un Manual de Orientación para la Convivencia Escolar, editado y distribuido por la DGE entre 2006 y 2007, Werthein advirtió algo que hoy, tres años después de nuestra charla, puede verificarse: "muchas personas – dijo- y entre ellos, los propios profesionales de la educación, tienden a ´externalizar´ el problema de la violencia en las escuelas o a ´naturalizarlos´; eso es grave. Entender la escuela como espacio de reproducción de comportamientos que tienen su origen fuera del ámbito escolar -agregó luego- es importante sólo si, al mismo tiempo, se considera el papel social de la educación, del educador y de la escuela en la corrección de dichos comportamientos. No se pueden permitir determinismos", finalizó.
Es decir que no se trata solo y simplemente como mucha gente quisiera (¡y quien no!) "meteter palo ya la bolsa", y así ver superados los problemas que van apareciendo en la convivencia entre adultos y jóvenes en todos los ámbitos de la vida. De lo que se trata es de debatir y accionar en torno a las diversas responsabilidades que deben ser asumidas fundamentalmente por quienes tenemos "la manija" del mundo, que somos los adultos.
La primera respuesta que surge frente a un grave hecho en amnos de un joven es el castigo, y mientras más "ejemplificador", mejor. Pero esa esa la historia de la vida: siempre fue así y no resultó. Por eso hay que probar de otra manera. Según quienes han podido compartir diálogos con jóvenes, situaciones terribles, trabajo con docentes, instancias de mediación, investigaciones de campo y muchas otras instancias mucho más profundas y valederas a la hora de poner en una balanza opiniones en torno a la violencia juvenil, la mejor manera de prevenir la violencia es no enseñándola. Y una vez que está aprendida, tener las capacidades para enseñar a "desaprenderla". En definitiva, es un desafío educativo para toda la sociedad, para todos los adultos y no solamente una tarea de la escuela.
La Presidenta se reunió con los padres de Alfredo Marcenac
Clarín
La presidenta Cristina Fernández se reunió esta tarde en Necochea con los padres de Alfredo Marcenac, el joven de 19 años que fue asesinado hace casi dos años en Belgrano. Según fuentes oficiales, el encuentro se produjo momentos antes del acto que la presidenta encabezó en Necochea -ciudad de origen de la familia Marcenac- con motivo de la inauguración de obras en el puerto de Quequén. Mónica Bouyssede y Adrián Marcenac, los padres del joven asesinado, fueron activos militantes contra la proliferación de armas entre civiles. En agosto de 2006, el padre de Alfredo Marcenac participó del acto de lanzamiento de un plan de desarme, destinado a que los civiles entreguen su armamento al Estado a cambio de dinero. Marcenac fue asesinado en junio de 2006, cuando caminaba junto a dos amigos por la avenida Cabildo, en Belgrano. Por el caso se encuentra detenido Martín Ríos, quien portaba un arma registrada.
La presidenta Cristina Fernández se reunió esta tarde en Necochea con los padres de Alfredo Marcenac, el joven de 19 años que fue asesinado hace casi dos años en Belgrano. Según fuentes oficiales, el encuentro se produjo momentos antes del acto que la presidenta encabezó en Necochea -ciudad de origen de la familia Marcenac- con motivo de la inauguración de obras en el puerto de Quequén. Mónica Bouyssede y Adrián Marcenac, los padres del joven asesinado, fueron activos militantes contra la proliferación de armas entre civiles. En agosto de 2006, el padre de Alfredo Marcenac participó del acto de lanzamiento de un plan de desarme, destinado a que los civiles entreguen su armamento al Estado a cambio de dinero. Marcenac fue asesinado en junio de 2006, cuando caminaba junto a dos amigos por la avenida Cabildo, en Belgrano. Por el caso se encuentra detenido Martín Ríos, quien portaba un arma registrada.